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Mientras escribo esto pienso que nuca he aprendido formalmente a escribir un artículo, pero intuitivamente espero que se pierdan un par de minutos sobre estas líneas que cobran sentido en las experiencias que cada uno de ustedes ha tenido en este proceso que nos ha permitido evolucionar como especie.

Piensen en la última vez que trataron de aprender algo nuevo o conocido. Ahora, piensen en las razones por las cuales se aventuraron a semejante odisea. ¿Voluntad propia? ¿Oportunidad inesperada de la vida? ¿Habilidad o conocimiento que necesitan para sobrevivir? ¿Por obligación? ¿Están aprendiendo algo y ni siquiera han llegado a ser conscientes de ello? Sea cual sea la razón por la cual emprendieron este camino de aprendizaje, he identificado 5 momentos en el detrás de cámaras de este proceso, momentos donde no se evidencian “las duras y las maduras” que se tienen que pasar para tocar cuatro acordes de guitarra, para tomar fotos decentes, para decir tres palabras en público y no morir en el intento, para dibujar un mamarracho que tenga sentido para quien lo dibuje.

A continuación, se encontrarán con el patio trasero del aprendizaje, donde se guardan los momentos incómodos y de vergüenza que valen la pena rescatar y poner en el jardín frontal de la casa, una exhibición de la anatomía sin cosmética de lo que significa A-PREN-DER.

Abren la caja de Pandora una vez empiezan en el camino de descubrir algo nuevo o redescubrir algo que ya conocían. ¿Han escuchado hablar sobre la curva de aprendizaje? Esa curva que mide cuantitativamente el proceso de aprendizaje (como si esto fuera una única regla de estándares, con lo cual estoy en total desacuerdo, pero esto será “arena de otro costal” para escribir) Por el momento, usaremos este gráfico neo economista como referencia para promediar el tiempo que toma para una especie, aprender un concepto nuevo o lección.

Aquí en este gráfico, ni siquiera están ubicados espacialmente. Todo esto para decirles que este primer encuentro con lo desconocido causa náuseas, ansiedad, una curiosidad casi mórbida, una obsesión que puede ser sana si se direcciona con el único propósito de rebosar la copa de información, lecciones y opiniones sobre el tema del cuál aprendes, para tener un almacenamiento mental de dónde buscar recursos para tomar decisiones.

Tomemos como ejemplo empezar un nuevo trabajo (situación en la que estoy actualmente). Llegan el primer día y se sienten en la estratósfera, todo tan nuevo, diferente, a veces casi alienígena en esta nueva dinámica. Leen todo lo que les recomiendan leer, conocen a sus compañeros, entienden lo que hace la compañía, buscan información que les ayude a entender dónde diablos están y cómo van a aportar desde lo que saben hacer.

Llega entonces el momento de la acción. Recuerdan cuando en alguna clase que tomaron el/la profesor@ decía tienen alguna pregunta, y la mayoría contestaban, no. Pero después haciendo la tarea salían las preguntas como fuente de agua viva de la cabeza y ya no estaba el/la profe para responderlas. Bueno, así como sucedía en estos espacios, sucede en cualquier forma de aprendizaje. Solo hasta que lo llevan a la acción surgen las preguntas importantes, las preguntas que los llevan al aprendizaje.

Continuando con el ejemplo anterior, generalmente las personas nuevas son las que hacen las preguntas que todos piensan, pero no las hacen porque “ya es demasiado tarde para preguntar, y que pena que piensen que yo no sabía esto a estas alturas.” Pero, son estas las que abren discusiones interesantes, las preguntas más obvias son las que traen planteamientos de los cuáles no solo quienes están aprendiendo en un nuevo ambiente toman provecho, también invitan a las personas que tienen conocimiento construido sobre el tema, a cuestionar y redescubrir nuevas interpretaciones de conceptos que llevan estudiando y practicando por mucho tiempo.

-En mi país, tenemos muchas expresiones relacionadas con la comida que explican situaciones del día a día. “Estar buñuelo en algo” significa estar muy novato practicando cualquier actividad que necesite destreza mental o física, como cuando un buñuelo (masa de maíz, harina y queso) queda crudo, maluco o insípido. Y ojo, es ESTAR buñuelo, no SER buñuelo. Estar es pasajero, quiere decir que eventualmente dejaremos de estar buñuelos (novatos) para ser maestros del tema si se quiere. -

Continuando con el foco del tema, es aquí donde aprender puede ser excepcionalmente horrendo, en términos estéticos y en términos de fondo también. Nuestros primeros resultados accionando sobre una actividad u oficio pueden ser mediocres, sin sentido, desconectados, feos (entendiendo esta palabra como subjetiva) y descoordinados. Y es aquí donde sucede el detrás de cámaras que les mencionaba al inicio. Hacer y pensar cosas feas es el acto más valioso de aprender. Nos da el coraje de la autorreflexión, nos da la valentía de reconocer las fallas como oportunidades de mejora, y allí radica el verdadero significado de aprender. Fallar para darse cuenta de lo que antes no era obvio.

Entonces, si ponemos esta idea en contexto, en su labor casi que es obligatorio equivocarse, como si fuera un examen de prueba, para aprender las lecciones necesarias y continuar el camino de esa -neo economista- curva de aprendizaje. Claro, es entendible que el 99.9% no quiere equivocarse, tal vez porque laboran en un ambiente tóxico que castiga el error (impuesto o autoimpuesto). Pero seamos realistas, Leonardo Da Vinci no llegó a ser quien fue empezando sabio desde el principio.

Aquí si llegamos a la parte bonita de aprender. Cuando ya entendemos un poco más el sentido de las cosas, cuando practicamos la acción para entender las preguntas necesarias a resolver y cuando nos hemos equivocado exitosamente. Es decir, lo hicimos feo, pero aprendimos las lecciones para no volver allí. Reina el sentimiento de orgullo, de ser mentor para otros que recién empiezan su -neo economista- curva de aprendizaje, nos sentimos más estables y pasan las náuseas y ansiedad que se sentían al principio de esta aventura. El tiempo aquí tiende a ser más relativo que nunca, es un proceso tan personal y particular que tener una curva de aprendizaje estándar es casi un insulto, porque deja por fuera una experiencia humana y única que no le hace justicia a través de esta representación gráfica.

En el contexto de un nuevo trabajo, se sienten acoplados, que pertenecen, que pueden entender el porqué de las cosas, encuentran la conexión de sus labores con eso que estudiaron que hacía la empresa antes de pertenecer a ella.

Llegamos al paso que, en mi concepto, le da un ciclo orgánico y de continuidad a ser humanos. Necesitamos aburrirnos de lo que aprendimos para seguir explorando o redescubrir en la misma área de conocimiento, o pasar con un salto cuántico a otras áreas de interés. Crecer el espectro, expandir la mente y el espíritu con una lección de cocina, con un nuevo libro, con un nuevo cargo, un nuevo trabajo, un emprendimiento o -lo que sea que estén persiguiendo- para refrescar sus vidas.

Volviendo entonces a la idea inicial de que aprender se ve feo, en efecto sí. Se ve feo, pero también se siente sublimemente hermoso.

Mente dispersa y con muchas preguntas