Profundo.

Lo profundo de explorarse es reconocer que no todo tendrá respuestas. Vivir en una sociedad donde todo es un medio para lograr un objetivo deja muy poco espacio para deambular en una misma, para reconocer sin un propósito, para curiosear sin objetivo específico. Explorar es un verbo reservado para quienes a pesar del miedo actúan, para quienes lo abrazan y se toman un café con él. Explorar requiere de una mentalidad despierta y con buenos reflejos, requiere una respuesta neuronal astuta y de precisión.

La incertidumbre es la que vendrá primero, el no entender nada de lo que pasa. Sentirse perdida, alienada y casi que viviendo algo que no vives, respirar algo que no respiras, ver algo que al mismo tiempo no ves. Llega entonces la incredulidad. No crees que lo que descubres es cierto, restriegas tu ojos, te pellizcas la piel, pensando que todo es un sueño, que no es real, y de repente, te das cuenta de que estás allí, justo en ese momento encontrándote y descubriéndote, abriendo la caja de Pandora de emociones, momentos y acciones reprimidas por años.

Después viene la sensación de inflamación, te sientes abrumada, sientes que es demasiado, que has llegado a un nudo en el telar que no sabes por dónde agarrar. No sabes cómo llegaste allí, pero tampoco sabes qué debes hacer para deshilarlo, para desenmarañar el nudo profundo que acabas de encontrar. De repente buscas sonidos, letras, palabras que te ayuden a modular lo que sientes, que ayuden a expresar eso que tu cuerpo experimenta, eso que tu mente calla, eso que tu corazón desborda y no sabes muy bien cómo traer al lenguaje. Buscas y buscas, escudriñas y vas obteniendo las frases que hacen sentido a tu construcción personal, a ese relato y narrativa propia, que va edificando el entendimiento propio no para reconstruir y perpetuar el pasado, sino para sentar las bases de la consciencia de entender quién eres, de qué estás hecha, para saber cuál es la composición de hechos, personas e hitos que alimentan tu materialización como ser humana.

Luego viene la elección. La difícil tarea de hacer renuncias, de entender que no puedes tener todas las posibilidades en una mano y hacerlas reales sincrónicamente. Renunciar sobre todo cuando se trata de terminar un contrato de una misma con una misma es tarea difícil, no hay nadie externo a ti que de la garantía de que hay un final. Solo tú eres la persona encargada de poner límites, de terminar lo necesario para encontrar la paz y la tranquilidad, de soltar las ideas elevadas sobre la vida, las personas y las emociones. Lo único que te queda es entregarte al proceso, ser consciente de que lo que eliges para tu vida es porque va a entregarte lecciones de valor que al final ayudarán a construir eso que fuiste, eso que eres y lo que serás. Finalmente, esta será una historia para asombrarte en retrospectiva, prepararte en prospectiva y para SER en el preciso instante.

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Mente dispersa y con muchas preguntas

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Alejandra Rodriguez

Alejandra Rodriguez

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